asesores en restauracion
18
Abr

EL MOMENTO DE PREGUNTARSE

La confianza suele venir de la experiencia. De la propia o de la ajena.

Cuando conocemos lo que está a la vuelta de la esquina o cuando alguien, que ya ha pasado por ello, es capaz de anticipar lo que nos espera, es mucho más fácil estar tranquilos.

No pensemos que esta es la primera vez que la Humanidad se enfrenta a una pandemia. Ha habido otras y mucho más letales. Como la peste Antonina, en la que oleadas sucesivas de sarampión y viruela azotaron el Imperio romano en tiempos de Marco Aurelio. La pandemia, también asiática, se llevó entonces a cinco millones de personas. Ahí ha “quedao” eso.

De siempre, la ignorancia ha generado desconfianza, incertidumbre y miedo. Y todas, entonces, tuvieron que ser terribles. Quizá entre otras razones, porque no se sabía qué es lo que traía la muerte.

En la actual pandemia, una vez que hemos atisbado sus tremendos efectos en la salud, que sabemos qué la provoca y que intuimos como podría evolucionar, lo que nos preocupa son los efectos que va a tener sobre la sociedad y la economía. Queremos saber cómo serán nuestras vidas a partir de ahora.

Cada persona, cada familia, cada empresa, cada sector, y en especial la Restauración, especula con su futuro. Muchos creen saber qué podría suceder. Demasiado atrevimiento quizá para anticipar cómo será la salida.

Por eso, en una situación como la actual, es difícil prever o dar soluciones fáciles. Las certezas son escasas.

Quizá sea el momento de ser un poco disruptivos, y cuando todo el mundo busca respuestas, quizá lo que proceda sea plantear preguntas. Las adecuadas, las necesarias y pertinentes, las atrevidas. Fruto del confinamiento.

Albert Einstein decía que la clave no es encontrar las respuestas a viejas preguntas sino hacernos nuevas preguntas, preguntas que puede ser que nos rondaran desde hace tiempo, o que no nos habíamos planteado antes y nos permitan averiguar cosas nuevas. Toda pregunta es una invitación a mirar en una nueva dirección…

¿Te has preguntado qué es lo que hace que no te formules preguntas sobre lo que te interesa o te importa como persona o cómo empresario?

Vamos a formular preguntas acerca de nosotros y de nuestro establecimiento de Restauración. Las preguntas que, en circunstancias normales, nunca habríamos planteado hacernos. Por falta de tiempo, ¿o de valor?, ¿o porque no queremos saber la respuesta?

Y ahora viene lo bueno. Olvidémonos por un momento del dichoso bicho. Si es que esto es posible. Armados de papel y boli y el que quiera, con el portátil. En un lugar tranquilo. En un momento tranquilo. Sin que nadie te moleste.

Vamos allá. Sin agobiarse

¿Cómo empecé en este negocio? ¿Qué me llevó a meterme en él? ¿Vine a él por vocación, porque era una forma de prosperar y ganarme la vida o por ambas cosas a la vez? ¿Hubo alguna otra razón? ¿Por qué me establecí por mi cuenta? ¿Por qué decidí expandirme o por qué no lo he hecho todavía? Si no me va muy bien, ¿por qué creo que es así? ¿Cuándo dejó de irme bien? ¿Tengo el nombre correcto? ¿Qué debería cambiar?… ¿Debería dejarlo? Y, si me va bien, ¿cuál es el secreto del éxito de mi local? ¿Radica en su ubicación, en su imagen, en el servicio de sala, en la cocina? ¿Me durará mucho esta situación? ¿Debería cambiar algo? ¿Transformarme? ¿Reinventarme? ¿Tengo el local adecuado? ¿Cómo nos perciben nuestros clientes? ¿Es mi personal el adecuado? ¿Les doy formación? ¿Tengo la oferta correcta? ¿Cómo son mis precios? ¿Y mi carta? ¿Utilizo convenientemente apoyos tecnológicos? ¿Estoy al día en los cambios del sector? ¿Necesito a alguien que me ayude a poner en orden todas estas cuestiones y otras muchas más?

Hagamos este ejercicio, confiemos en nuestras respuestas y pasemos al análisis para enfocar nuestro camino.

Continuará…

Ángel Toribio

Asesor en Marketing SR