Un restaurante lleno no siempre es un restaurante rentable. Y ese puede ser uno de los mayores engaños de la hostelería.
Facturar más no siempre significa ganar más. Y cada vez hay más restaurantes descubriéndolo demasiado tarde.
Hay una imagen que seguimos asociando al éxito de un restaurante: mesas llenas, terraza completa, camareros corriendo, cocina trabajando al límite y reservas para todo el fin de semana.
Desde fuera, parece un negocio que funciona. Pero cuando termina el mes llega la pregunta que realmente importa:
¿Cuánto dinero ha ganado el restaurante?
Y, sorprendentemente, en muchos casos la respuesta es: muy poco. O nada.
Este es probablemente uno de los grandes problemas de la restauración actual. Hemos aprendido a medir el éxito por la facturación cuando deberíamos empezar a medirlo por la rentabilidad.
FACTURAR MUCHO NO GARANTIZA GANAR DINERO
Un restaurante puede facturar 80.000, 100.000 o 150.000 euros al mes y seguir teniendo un serio problema.
Porque antes de llegar al beneficio hay que pagar producto, personal, alquiler, suministros, financiación, mantenimiento, lavandería, software, gestoría, seguros, comisiones, impuestos y muchas otras partidas que, vistas por separado, parecen pequeñas, pero juntas dejan de serlo.
El problema aparece cuando el negocio empieza a crecer sin que su estructura económica esté preparada para hacerlo. Más clientes significan más producto, más producción, más personal, más horas, más consumo energético y también más complejidad operativa. Y ahí aparece una situación que vemos con demasiada frecuencia:
El restaurante vende más, trabaja más… y gana prácticamente lo mismo, incluso menos
LAS CUENTAS HAN CAMBIADO
Durante años se han repetido determinadas reglas sobre costes, márgenes, personal o alquileres.
Pero el mercado ha cambiado. El producto ha subido, los salarios han subido, los alquileres han subido, la energía ha subido y el cliente también exige más. Además, los equipos demandan mejores jornadas, descansos y condiciones laborales. Y es lógico.
Lo que no siempre ha evolucionado al mismo ritmo es el modelo económico del restaurante.
Hay negocios que siguen trabajando con precios diseñados para una estructura de costes que ya no existe.
La carta se ha actualizado. El local se ha reformado. La propuesta gastronómica ha evolucionado. Pero las cuentas continúan funcionando prácticamente con el mismo planteamiento de hace cinco o diez años. Y ahí empieza el problema.
UNA MESA OCUPADA NO SIEMPRE ES UNA MESA RENTABLE
Imaginemos una mesa de cuatro clientes que permanece dos horas en el restaurante y genera un ticket medio de 30 euros por persona. Hemos facturado 120 euros. Pero esos 120 euros no son beneficio.
Esa mesa ha consumido producto, personal, espacio, electricidad, gas, vajilla, lavandería y una parte proporcional de todos los costes estructurales del negocio. Por eso la pregunta no debería ser únicamente: ¿Cuánto hemos vendido?
La pregunta debería ser:
¿Cuánto ha dejado realmente esa mesa?
Porque podemos tener todas las mesas ocupadas y trabajar con unos márgenes tan pequeños que cualquier desviación elimine por completo el beneficio. Una avería, una baja, una subida de determinadas materias primas o un mes ligeramente peor pueden cambiar completamente el resultado.
EL PROBLEMA NO SIEMPRE ES VENDER POCO
Cuando las cuentas empiezan a apretarse, la primera reacción suele ser buscar más ventas: más reservas, más campañas, más publicidad, más eventos, más clientes. Pero quizá el problema no esté en vender poco. Quizá el problema esté en cómo estamos vendiendo. Antes de buscar otros 200 clientes deberíamos entender qué ocurre con los que ya tenemos.
Cuál es nuestro ticket medio, qué productos compran, qué margen dejan, cuánto factura cada empleado, cuánto producto tenemos inmovilizado, qué rotación de stock manejamos o qué días y servicios son verdaderamente rentables.
Porque aumentar las ventas sobre un modelo mal diseñado puede conseguir algo paradójico: hacer más grande el problema.
LA CUENTA DEL BANCO TAMPOCO CUENTA TODA LA HISTORIA
Otro error frecuente es medir la salud del restaurante mirando únicamente cuánto dinero hay en la cuenta bancaria.
Pero tesorería y rentabilidad no son lo mismo. Podemos tener dinero porque hoy hemos cobrado ventas cuyos gastos pagaremos dentro de varias semanas. Hay IVA pendiente, proveedores, nóminas, impuestos, financiación o inversiones que todavía no han salido de caja.
Por eso algunos restaurantes parecen funcionar perfectamente durante meses hasta que, de repente, empiezan las tensiones financieras. Pero el problema normalmente no apareció ese mes. Llevaba tiempo allí. Simplemente nadie lo estaba midiendo.
GESTIONAR UN RESTAURANTE TAMBIÉN ES CONOCER SUS NÚMEROS
Esto no significa convertir al restaurador en financiero. Significa tener control sobre el negocio. Saber cuánto necesitamos facturar para alcanzar el punto de equilibrio, conocer nuestro coste real de producto, tener los escandallos actualizados, analizar la carta, controlar inventarios, medir la productividad del equipo y entender qué servicios generan realmente beneficio. Y, sobre todo, saber cuánto dinero deja cada euro que entra por la caja.
Porque un restaurante no es rentable porque esté lleno. Tampoco porque facture mucho. Es rentable cuando existe un equilibrio entre ventas, producto, personal, estructura y costes.
Durante muchos años hemos preguntado:
¿Cuánto factura tu restaurante?
Quizá deberíamos empezar a hacer una pregunta distinta:
¿CUÁNTO GANA?
← Volver al blog