Septiembre no es volver a empezar. Es decidir qué vas a hacer diferente.
En hostelería solemos hablar de enero como el momento de los nuevos propósitos.
Pero, en realidad, para muchos negocios el verdadero comienzo del año es septiembre:
Vuelve la actividad
Cambian los hábitos de consumo
Se reactivan las ciudades
Comienzan nuevos proyectos
Y, sobre todo, reaparecen esas decisiones que llevamos meses aplazando:
¿Es el momento de abrir ese restaurante que llevas tiempo imaginando?
¿Deberías cambiar la carta?
¿Tu negocio necesita más clientes… o necesita ganar más dinero con los que ya tiene?
¿Tienes bien dimensionado el equipo?
¿Tus precios responden realmente a tus costes?
¿Tu propuesta sigue siendo igual de atractiva que hace dos años?
¿Estás gestionando el negocio o simplemente resolviendo problemas todos los días?
Son preguntas incómodas, pero suelen ser mucho más importantes que decidir cuál será el próximo plato de la carta.
Abrir un restaurante empieza mucho antes de abrir la puerta
Una de las situaciones que más vemos en nuestro sector es empezar los proyectos por la parte más visible:
El local
La decoración
La cocina
El nombre
La carta
El logotipo.
Todo eso importa, pero antes debería existir algo mucho menos atractivo para Instagram y bastante más importante para el futuro del negocio: “”UN MODELO ECÓNOMICO QUE TENGA SENTIDO””:
¿Cuántos clientes necesitas cada día?
¿Cuál debe ser tu ticket medio?
¿Qué coste de personal puede soportar el negocio?
¿Qué margen necesitas conseguir?
¿Qué inversión puedes permitirte?
¿Cuánto tiempo puedes aguantar hasta alcanzar el punto de equilibrio?
Y, especialmente: ¿existe realmente un mercado dispuesto a comprar lo que estás pensando ofrecer?
Porque una buena idea gastronómica no siempre es un buen negocio y confundir ambas cosas puede salir muy caro.
Y si el negocio ya está abierto, septiembre también es una oportunidad
No siempre hay que crear algo nuevo, a veces lo inteligente es mirar de nuevo lo que ya tenemos. Septiembre puede ser un buen momento para revisar el negocio con cierta distancia, no únicamente mirando la facturación.
También preguntándonos:
¿Qué productos generan realmente margen?
¿Qué franjas horarias estamos desaprovechando?
¿Dónde se están produciendo las fugas de rentabilidad?
¿Tenemos demasiadas referencias?
¿Compramos correctamente?
¿Nuestro equipo trabaja con procedimientos claros?
¿Vendemos o simplemente tomamos comandas?
¿Estamos utilizando bien la tecnología?
¿Nuestra comunicación sigue representando lo que somos?
¿La experiencia que vive el cliente coincide con la que creemos estar ofreciendo?
Muchas veces no hace falta vender mucho más, hace falta gestionar mejor.
La rentabilidad rara vez depende de una sola gran decisión
Normalmente se construye con decenas de pequeñas decisiones:
Un escandallo correctamente realizado
Una compra mejor negociada
Una carta más inteligente
Una planificación de personal adecuada
Cinco minutos menos en un proceso que se repite cien veces cada día.
Una mejor formación de sala
Una venta adicional por mesa
Una herramienta tecnológica bien implantada
Una mejor lectura de la cuenta de resultados
Ninguna de estas cosas por separado suele transformar un negocio, todas juntas, sí, y ahí está probablemente uno de los mayores cambios que necesita la restauración actual: dejar de gestionar por intuición aquello que ya podemos gestionar con información. La intuición seguirá siendo imprescindible para crear, pero para gestionar necesitamos datos.
La hostelería necesita cada vez más perfiles diferentes alrededor de la misma mesa
Hoy un negocio de restauración es mucho más que cocina y sala, es:
Gastronomía
Operaciones
Finanzas
Experiencia de cliente
Personas
Compras
Tecnología
Marketing
Formación
Diseño de procesos
Y precisamente por eso resulta cada vez más difícil que una única persona domine todas esas áreas.
Nosotros creemos mucho en algo: los mejores proyectos se construyen cuando diferentes especialistas trabajan con un mismo objetivo.
No se trata de llenar un negocio de consultores, se trata de incorporar conocimiento allí donde puede marcar una diferencia y, sobre todo, de convertir ese conocimiento en acciones que realmente puedan implantarse.
Quizá septiembre no sea el momento de cambiarlo todo
Pero sí puede ser un buen momento para detenerse unas horas y hacerse una pregunta:
Si hoy tuviera que abrir de nuevo mi negocio, sabiendo todo lo que sé ahora, ¿lo haría exactamente igual?
Si la respuesta es no, probablemente ya sabes por dónde empezar.
Y si estás pensando en abrir un nuevo proyecto, quizá la pregunta debería ser todavía más sencilla:
¿Estoy diseñando el restaurante que me gustaría tener… o el negocio que realmente puede funcionar?
En Salinas Restauración trabajamos precisamente en ese espacio: acompañando aperturas y ayudando a negocios en funcionamiento a mejorar su rentabilidad, su operativa, su propuesta gastronómica, sus equipos, su marketing y su tecnología.
Pero, antes de todo eso, hay algo mucho más sencillo, HABLAR, porque muchas veces una conversación a tiempo puede evitar meses de errores.
Septiembre está a punto de empezar.
Quizá sea un buen momento para plantearse cosas nuevas.
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